El sentimiento que trae alegría al llegar y tristeza al marcharse. Ese sentimiento
que todos desean sentir, que nos saca una sonrisa con solo pensar en esa
persona. Que nos hace vulnerables a los demás.
Todos algunas vez en su vida lo deben de vivir en todas sus etapas,
desde la felicidad máxima a la tristeza desgarradora que va llena de llantos y
enojos, que te llevan a pensar si realmente vale la pena exponerse de nuevo al
amor.
El amor no es siempre es bueno, cuando es unilateral puede llegar a ser
el sentimiento más desgarrador que existe. Te lleva a ilusionarte, crear
historias felices, hacer planes futuros, pero todo esto desaparece cuando la
otra persona encuentra el amor, y te deja sin más, te deja en un vacío donde la
tristeza quiere ahogarte y tu luchas por salir con enojos, pero al final la
tristeza gana y tú te dejas llevar por ella, llorando, desahogando todo lo que
tienes dentro, dejando que algo más lidie con tu corazón roto, mientras tu
mente descansa.
¿QUÉ PASA DESPUES DEL AMOR?
Si, la tristeza es una gran amiga en estos momentos, es la que te
permite descansar, expresar todo el dolor que te ha dejado esa persona.
No obstante, el tiempo va curando tu corazón, tus sentimientos, haciéndote
más fuerte. Te va llevando hacia otros lugares donde el amor puede ser
correspondido. Pero quizás tengas miedo de pasar por lo mismo, ahora eres
sobreprotectora contigo misma; todos pasamos por eso, es difícil volver a
creer, a confiar en una persona, a veces cuesta muchísimo, pero llegara la
persona indicada y poco a poco ira pasando todas las barreras que has creado,
te desnudara hasta el alma, volverás a ser vulnerable, y solo te queda esperar
lo mejor de la situación, se feliz, disfrutar los momentos felices, atesorándolos
y recordándolos por la noches, disfruta los besos, los abrazos, que cualquier día
pueden desaparecer bruscamente, mira a esa persona como si fuera la última vez
que lo harás, bésala, abrázala.
Yo hubiera querido hacer eso, disfrutar el ultimo día que pudo haber
sido mío, si tan solo lo hubiera sabido, me hubiera aferrado un poco más a
nuestro abrazo de despedida, lo hubiera mirado a los ojos y besado, le hubiese
dado todo lo que tenía, todo lo que me había guardado para no ser completamente
vulnerable, si tan solo hubiera sabido que sería la última vez que lo vería.
Ahora sufro por no haberlo hecho, sufro por no haber tenido la despedida
que ameritaba la ocasión, por no haberlo acompañado a la puerta, por creer que
lo vería de nuevo.
Oscuridad.
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